martes, 21 de noviembre de 2017

Ledezma movió el ajedrez


Hay  un dicho que reza  “el último que se vaya, apaga la luz”; hago alusión de él para referirme a la fuga del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, quien pasó más de mil días de encierro entre recintos carcelarios y su domicilio, que al final por muy cómodo que fuera, seguía estando preso.

Ahora bien, ver que un luchador y un líder político de la talla y temple de Ledezma, se fue de Venezuela nos obliga a preguntarnos: ¿qué quedará para nosotros que aún seguimos en el “país potencia” hecho añicos por la revolución del siglo XXI?

Debo decir que me contenta que Ledezma huyera por las vías principales desde Caracas hasta la frontera con Colombia, y no por las trochas. Su traslado contó con la ayuda de militares no me cabe la menor duda, pues cuando hay fuga en un penal siempre existen dos elementos: la complicidad interna y el factor sorpresa; ambas se dieron en este caso.

La verdadera historia de cómo salió el ex alcalde de Caracas la sabe él y dos personas más, ni tonto que fuera para relatar con pelos y señales de cómo ocurrieron los hechos. No se puede poner al descubierto el punto débil del régimen, es decir, no se puede delatar la ruta y la ayuda que pueda ser útil para cualquier perseguido político.

Quizás algún día, o de pronto ya alguien debe estar recopilando  las historias de las fugas de nuestros dirigentes políticos perseguidos por el régimen, conozcamos un poco más los detalles de lo que Ledezma definió como una experiencia “peliculezca”; por más plan de contingencia que se tenga el susto y la adrenalina deben ir abrazadas y con un solo objetivo, vivir y pensar en la familia.  

Antonio movió el ajedrez. Sin duda alguna hará un papel histórico y de mucha ayuda desde el exilio, su voz tendrá más auditorios, y más puertas de palacios presidenciales en el mundo se abrirán para recibirlo a pesar de las pataletas de Nicolás, que dicho sea de paso, tiene sin cuidado a la comunidad internacional.

En medio de la euforia que ha causado el “golazo” que le metió Antonio al régimen; al huir del país sin problema alguno, y ser recibido por el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy; considero prudente que todo dirigente político venezolano en el exilio debe tomar en cuenta la recomendación de Fernando Mires, “yo respeto a los cubanos que quisieron conducir a la resistencia desde Miami, pero sólo hay que mirar cómo les fue”. Desde fuera no se puede conducir un proceso donde uno no participa.

En esta nueva jugada que le anota un punto muy valioso a los millones de venezolanos que demandamos el fin de la crisis y un cambio urgente; creo necesario que tanto los políticos exiliados, magistrados del TSJ legítimo, la fiscal Ortega Díaz unifiquen esfuerzos y remen todos hacia una misma dirección, de manera que el sacrificio que están haciendo al dejar por obligación su patria en busca de una solución a la inédita situación de Venezuela, no sea en vano y arroje resultados lo más pronto posible porque el pueblo ya no aguanta más.

Antonio se mueve en el tablero como muchos otros actores políticos, aquí  la lucha sigue por salir de este desastre, la luz no se apaga y falta mucho para que salga el último.

Edward Rodríguez
@edwardr74


martes, 14 de noviembre de 2017

Sentados en una bomba de tiempo

El tiempo corre y se agota, algunos dirían que “a paso de vencedores”; lo cierto es que hoy los venezolanos (léase, no enchufados), vivimos uno de los momentos más críticos y desesperantes de los que se tenga memoria o registro. La crisis nos estalló en la cara.

Basta ir a un supermercado, panadería, charcutería o carnicería para sentir el tic tac del reloj de esa bomba de tiempo cuando preguntas por el precio de un kilo de queso, diez panes, un kilo de carne o una bolsa de leche en polvo. Sólo queda suspirar y decir una vez más: esto no se aguanta, ¿cómo hace para sobrevivir una familia con un sueldo mínimo?.

Hace un año nos sorprendía ver a la gente comiendo de la basura, escuchar el cuento de alguna persona decir que sólo comía dos veces, o menos, al día, peor aún, reencontrarte con un amigo y notar que bajó de peso no por estar fitness o a la línea, sino por no alimentarse como Dios manda.

La semana pasada vi que uno de mis compañeros de trabajo calentaba su almuerzo en el microondas y le pregunté qué iba a comer y la respuesta aún retumba en mi cabeza: arroz blanco; así como lo lee estimado lector, arroz blanco con un vaso de agua. En esa vianda no había salado, es decir, proteínas como carne, pollo o pescado.

Historias como esas se repiten, por miles, diariamente, la bomba de tiempo ya no es un juego, el coco del que tanto se hablaba llegó y lo tenemos al frente: es el hambre sumada al alto costo de la vida que ya no te permite comer bien por lo menos una vez a la semana.

¿Quién (que no sea un enchufado) puede pagar una harina de PAN en 25 mil bolívares, 400 gramos de café en 40 mil bolívares, un kilo de arroz en 40 mil bolívares, pollo en 50 mil bolívares o carne en 90 mil bolívares?, esto es una locura colectiva cuando se llega y se sale del supermercado.

Sin duda alguna tendremos las navidades más infelices que hayamos tenido en los últimos tiempos; encuestadoras en el país ya han medido en qué invertirá el venezolano sus utilidades, y la “tendencia irreversible” como diría Tibisay Lucena, es en la compra de comida, y no en los estrenos o el regalo del Niño Jesús. 

Nos toca reinventarnos mientras salimos de la pesadilla, aunque hoy mi artículo va por el tema lo social y lo dramático de la situación; respetando el criterio de los abstencionistas y de los votantes, creo oportuno pedirles una reflexión: ya no se trata de repetir “si votamos y defendemos ganamos”, se trata avanzar en el terreno y no perder los espacios; el gobierno ve el juego político como una guerra y táctica militar y nosotros como civiles y demócratas.

La lucha es en todos los terrenos y en toda la tabla del ajedrez, por eso insisto que no votar el 10 de diciembre genera más contra que pro. Por mi parte estoy convencido que esa es una de las herramientas que no pienso dejársela a los hambreadores y miserables de quienes nos gobiernan desde hace 18 años y nos pretenden  imponer un modelo a costa de lo que sea.

Estamos sentados en una bomba de tiempo y urge desactivarla con el voto y la calle; ese es el código secreto y la combinación está en las manos de cada uno de nosotros, los venezolanos.
Edward Rodríguez
@edwardr74




martes, 7 de noviembre de 2017

Municipales: coherencia o pragmatismo



Coherencia o pragmatismo, he ahí el dilema. Estos dos términos mantienen divididos a los venezolanos de cara al próximo proceso electoral del 10 de diciembre, y el cual pareciera que cuenta con todas las garantías de abuso y arbitrariedad de un Gobierno, que a su antojo, quita y pone fecha de elecciones como si de un jarrón chino se tratara.

Apenas se anunció la jornada de inscripción de candidatos y se dio el pitazo de partida, salieron a aspirar hasta los que usted menos se imaginaba; por eso defino la  política  como “el arte de lo posible”, en donde si usted suma dos más dos, no son cuatro si no que son cinco; o si resta tres menos tres no es cero, si no uno. En fin así es ese negocio de la “política”.

Vimos a militantes de Primero Justicia inscribirse con la tarjeta de otros partidos pese a la posición de su directiva de no participar; los adecos también se inscribieron, pero Ramos Allup se lavó las manos al mejor estilo de Poncio Pilatos; colegas periodistas también salieron a inscribir sus nombres para participar en las municipales.

También fuimos testigos por las redes sociales, de la inscripción de la candidatura Yon Goicoechea a la alcaldía del Hatillo, horas después de haber sido liberado; lo propio hizo Manuel Rosales quien aspira nuevamente a la gobernación del Zulia tras ser habilitado para ejercer cargos políticos, hace menos de una semana.

Ahora bien, frente a este panorama, cuando escucho hablar de los “argumentos coherentes” para no participar en las elecciones me parecen muy válidos, igual me ocurre, pero en menos proporción, con los “argumentos pragmáticos” del porqué sí se debe participar. El problema radica en definir ¿quién fue primero, el huevo o la gallina?

La fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente fue la que convocó los procesos electorales, y tanto para esta elección municipal como para las pasadas regionales del 15 de octubre, ambas fueron convalidadas por los actores políticos de la oposición que participaron; entonces entramos en el dilema: ¿Cuál sería lo coherentemente pragmático?

Sin duda alguna, el elector hoy está mucho más confundido, sacarlo de ese trance, motivarlo y convencerlo de ir a votar, es la tarea que le toca hacer a los candidatos por un lado; así como luchar contra los abstencionistas, por el otro lado. Una guerra titánica en el mismo bando opositor.

Valga señalar que si de algo estoy seguro es que el 10 de diciembre, por los vientos que se soplan, ganará la abstención; primero, porque es un proceso electoral de tercer nivel que genera poca participación, y segundo, por tener tres campañas al mismo tiempo y para alcanzar el mismo objetivo. La primera es la del Psuv y sus mentiras; la segunda y tercera es la de la Unidad dividida en: defensa del voto, y en no botes tu voto.

Sin duda, un panorama no muy alentador pero sí aleccionador, pues si la oposición no enrumba el barco en unidad de criterio, en intereses comunes y en el respeto al ciudadano, ambas tendencias terminarán erosionando el instrumento del voto, recordemos que en el juego trancado gana el Gobierno y pierde Venezuela.

El futuro del país sigue en juego y ahora está en las manos de los coherentes y los pragmáticos; cada uno con fuerza, con argumentos, y con el deseo común de poner fin a esta pesadilla para construir una nación de progreso y oportunidades para todos por igual.

Edward Rodríguez
@edwardr74



martes, 31 de octubre de 2017

2018, fin de la tragedia



Sin duda, una gran parte de los venezolanos, de la tendencia que sea siente y vive a diario la tragedia por la que estamos pasando. Poner un pie en la calle significa que a diario arranca una nueva cadena de penurias, especulación, robo, ruleteo por conseguir lo que necesita y si lo consigue a darle duro a esa tarjeta de crédito hasta que no pase más porque la inflación es tal, que últimamente los precios no son de susto, sino de infarto.

Qué tragedia en la que nos metimos, nos metieron y nos quieren seguir metiendo; el señor del bigote que nos dirige y de quien algunos piensan que se quedó en el volante del metrobus, craso error pensar así, fue escogido a imagen y semejanza, calculador y cuya tarea es ejecutar al pie de la letra la misión de hundir al país bajo la consigna “Chávez vive, la lucha sigue”.

Alguien me preguntó en estos días si había visto la película “El Padrino”, con Marlon Brandon, la verdad es que es una de mis preferidas por aquello del manejo del poder,  algo similar a la tragedia actual que vivimos los venezolanos. Quien se empodera de la mafia al convertirse en el sucesor de Don Vito es  Michael Corleone, si ve el film desde el principio, jamás pensaría que sería el más capaz y el de menos escrúpulos para obtener el poder; igual pasa con el sucesor de Chávez.

Ahora bien, nosotros a lo nuestro, la tragedia en la que se ha convertido Nicolás Maduro para Venezuela se acaba en el 2018, la tragedia tiene los días contados pese a que hoy el panorama está nublado, el ciclo del chavismo-madurismo está llegando al final, sin recursos, sin esperanza y sin futuro; a nadie le gusta estar con un limpio o arrimarse a un árbol sin frutos ni sombra.

Para romper con este ciclo se requiere con un urgencia un candidato presidencial que goce de la credibilidad de los factores de la oposición, que pueda aglutinar todas las tendencias, que abrace a los rojos, los negro, los amarillos, los blancos y a los azules; que pueda ser la voz cantante y que los partidos respeten sin zancadillas. En el 2018 pudiéramos tener al frente el último tren para el rescate de la democracia.

Creer que no tenemos a esa persona es negarnos la potencialidad de la que gozamos los venezolanos de innovar, progresar y romper barreras. Lo que sí considero vital para que ese líder surja es que lo dejen trabajar, que los dirigentes  de las organizaciones políticas no le levanten una cama de anime, cada uno debe entender que hizo su cometido, para esta realidad que se llama Venezuela requerimos de ese aspirante y no necesariamente tiene que estar sentando en la mesa.

No queremos un populista, que enamore a un país con mentiras, pero sí que su carisma y palabra impregnen optimismo y de ganas de echar pa´ lante.

El fin de la tragedia está cerca, las presidenciales están a la vuelta de la esquina y el régimen pudiera estar sacando la cuenta que con su campaña de abstención la oposición no va a salir a votar en ese proceso, pero desde ya le digo, hasta sus pocos seguidores van dejar el alma en la calle para cambiar este gobierno que se envejeció muy rápido, que asimiló todos los males de los llamado 40 años del pacto.

“No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, la tragedia termina en el 2018 sin prórroga ni penales.

Edward Rodríguez
@edwardr74









martes, 17 de octubre de 2017

¿Qué pasó el 15 de octubre?



¿Qué pasó?. Esa es la pregunta que se hace todo el mundo desde las diez de la noche del pasado domingo 15 de octubre; y cuando digo todo el mundo, me refiero literalmente a todo el mundo.

La incredulidad se apoderó de los venezolanos y de la comunidad internacional después que la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, leyó los resultados con “tendencia irreversible” de las elecciones regionales en las que los candidatos del Psuv obtuvieron 18 gobernaciones; los de la MUD cinco; y una estaba en disputa para ese momento.

Resulta sospechosamente increíble que a pesar de que los innumerables sondeos realizados en distintas fechas antes de las elecciones, el 80% manifestara su descontento y rechazo al régimen de Nicolás Maduro; y sus candidatos pasaran el examen de admisión.

Tras las lecturas directas y entre líneas de los resultados, creo que los mismos son la consecuencia de una serie de hechos que no fueron previstos o calculados por la MUD para atacarlos a tiempo.

El primero fue sin duda el abuso del ente electoral, impidió a toda costa la sustitución de candidatos, permitió la instalación de mesas con miembros y testigos accidentales, reubicaron centros electorales horas antes de las elecciones, se hizo la vista gorda con la actuación del Plan República que controlaba quién y cuándo entraban los miembros de mesa, etc.

El segundo hecho, y hay que decirlo por la calle del medio, es que nuestra gente, nuestros hombres y mujeres que a diario sobreviven a la escasez de alimentos, a la falta de medicinas, a la inseguridad, a la compra de dinero en efectivo; en fin, a la peor crisis de la historia de Venezuela, no salió a votar. Usted que me está leyendo sí lo hizo, pero quizás no.

En las elecciones del pasado domingo participó un 61% de electores; mientras que en las Parlamentarias del 2015 la participación fue del 74 %, y en 2013 cuando Nicolás ganó pírricamente, participo el 79% del electorado. Como vemos, no todos los que se necesitaban para lograr los resultados que auguraban las encuestas, votaron el 15 de octubre.

La tercera razón que valdría la pena analizar radica en los candidatos de la MUD escogidos en primarias. Internamente las organizaciones políticas se pusieron de acuerdo por un fin común: salir de la pesadilla de Maduro, y avanzar hacia el cambio, pero en el camino algunos se desviaron y como dicen por allí, “jugaron para atrás”.

Está claro que para enfrentar y derrotar al régimen, la Unidad sincera es indispensable; pero hay algunos personajes que se resisten a asumir ese compromiso.

En mi artículo de la semana pasada lo advertí, “Encuestas no empreñan, vota”. Hoy tenemos unos resultados con sabor amargo y cinco gobernadores y gobernadoras que tendrán que estar al frente de las circunstancias y llevar en sus hombros la responsabilidad de brindarles a sus ciudadanos lo que este nefasto régimen no cumplió. 

Tomen nota para que no pase lo mismo en el venidero proceso de alcaldías. Como en el béisbol si no haces carreras, te las hacen, y este juego no termina hasta diciembre de 2018.
Edward Rodríguez
@edwardr74





martes, 10 de octubre de 2017

Encuestas no empreñan, VOTA

Entramos en la recta final. El próximo domingo 15 de octubre los venezolanos tenemos una cita más en la lucha por el Cambio en Venezuela.

Quizás usted apreciado lector ya esté saturado de los números con los que cuenta la Unidad; todos los estudios de opinión, menos el de Hinterlaces, indican que el régimen resultará severamente castigado; y no es para menos ya que sin lugar a duda puso a los venezolanos a pasar hambre, miseria y a morir de mengua por falta de medicinas.

El tema del hambre es desgarrador y sin precedente en la historia de Venezuela. Resulta increíble y difícil de aceptar, saber que seis de cada diez venezolanos comen dos o menos veces al día; y a veces ni comen. Esto, sin duda, es una de las principales razones para ir a votar.

Para que no sea en vano la lucha en la que fueron brutalmente reprimidos millones de venezolanos durante cuatro meses ininterrumpidos, y asesinados 120 jóvenes como David Vallenilla, Armando Cañizales, Neomar Lander, Paúl Moreno; y las otras 116 víctimas que no nombro por cuestión de espacio, pero que están presentes; hay que ir a votar.

La tercera razón, de las miles que hay, por la que debemos salir a votar el 15 de octubre, y seguro estoy que usted también lo hará, es por nuestro futuro. No hay mejor país en el mundo que Venezuela; fue en ella donde nos graduamos, donde seguimos trabajando y seguimos luchando con el alma y nuestras fuerzas para recuperarla; pero como deseos no preñan; además de votar, se tiene y se debe defender el voto.

En el 2007 la voluntad de todos y cada uno de los venezolanos que participaron en la enmienda constitucional del 2007, fue defendida; lo mismo ocurrió en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015; donde la Unidad ganó 113 diputados; cuando las encuestas más alentadoras apuntaban a que serían entre 70 y 80.

Con toda la responsabilidad del caso, hoy podemos decir que el próximo domingo, la Unidad ganará entre 17 y 19 gobernaciones; mientras que el Psuv sólo obtendría siete o cinco; lo que se traduciría en el segundo peor momento para el partido de Gobierno; sobre todo después de los supuestos ocho millones de votos que obtuvieron en la elección de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente hace dos meses y medio.

Como deseos no empreñan; y encuestas tampoco, el verdadero resultado está en la participación y en el compromiso de defensa de la voluntad de cada venezolano que acudirá a las urnas electorales con la esperanza y la convicción de lograr el Cambio. El triunfalismo en base a encuestas es dañino; la elección se gana con participación.

Hay que animar al que todavía tiene el cassette en su cabeza de la abstención, hay que movilizar y ayudar en el traslado a quien no puede llegar al centro electoral, ofrézcase como voluntario para ser testigo o miembro de mesa; vote por la tarjeta donde esté la cara del candidato; si todo esto se cumple al pie de la letra, no tenga duda que el Cambio se logrará.

Como dice la letra del jingle de esta contienda electoral de la Unidad: “Somos un pueblo que nadie domina, desde hace tiempo somos mayoría (…) Vota en protesta. Si vas a votar ganamos la partida”.

La peor diligencia es la que no se hace, y en tiempos como los que vivimos es mucho peor; por eso cierro este artículo con una frase que hace unos día me dijo la señora Amelia y que no deja de retumbar en mi cabeza: “dejar de  votar no tiene perdón de Dios”.

Edward Rodríguez
@edwardr74



martes, 3 de octubre de 2017

Embustero!


Embustero, dícese de la “persona que manifiesta, dice, habla o expresa una mentira, usando mediante un disimulo, artificio, ardid o astucia con la intención de hacer daño a alguien o mejor dicho a un colectivo”, mejor no se puede definir a Francisco Javier Arias Cárdenas, quien, sin el más mínimo decoro, aspira a ser reelecto gobernador del Zulia.

No es mi intención tocar el tema personal, para no entrar en los detalles de las incongruencias, saltos de talanquera, lealtades o traiciones de “Pancho”; sin embargo, lo que sí vamos a hacer es enfocarnos en su “gestión de gobierno” de cinco años, lo que prometió, lo que hizo y lo que no cumplió para que sea usted, estimado lector, el que diga si es o no un embustero.

En el 2012 se vendió como el candidato “te lo tengo”; es decir, el candidato que tenía la solución para los problemas de los zulianos; el que tenía el objetivo de terminar la Lara-Zulia; el que tenía la misión de construir miles de viviendas; el que tenía como prioridad la seguridad; pero sobre todo, el que tenía un buen récord de logros en su primera gestión, que hay que reconocérselos, para no ser mezquinos; pero las ofertas electorales de hace cinco años fueron puro embuste.

Pancho, me permito llamarlo así, porque así se le conoce desde aquel fallido golpe de Estado de 1992 en el que participó junto a Chávez, prometió asumir personalmente la coordinación de la seguridad, conformar un comité por cada barrio, crear una sala situacional en cada parroquia, dotar la policía y  mejorar la calidad de vida de los funcionarios, nada de esto cumplió; hoy el Zulia está en manos del sicariato, las mafias y los roba carros.

Prometió el desarrollo agrícola, promover la agricultura familiar, optimizar las casas de alimentación y el plan de atención nutricional; hoy tenemos en cifras uno de los estados que refleja el mayor número de casos de desnutrición, hacer  dos comidas al día sería un verdadero milagro de Dios.

Sigo, Arias Cárdenas también prometió un sistema de becas integrales en educación superior, sin embargo, acabó con el incremento de la matrícula de alumnos becados más importante que tenía el país, el programa  de becas Jesús Enrique Lossada (becas JEL).

A nuestros indígenas les prometió construir escuelas técnicas para actividades  productivas propias de sus zonas, aún están esperando que les entreguen la primera.

Triste futuro le deparó al Museo de los Niños, al Museo del Lago, Museo del Petróleo y al mirador del Catatumbo, ojalá y antes de que entregue su mandato y por el bien de todos los enfermos de cáncer, finalmente culmine el Oncológico de occidente.

Si con esta muestra, de la larga lista de promesas incumplidas por Francisco Arias Cárdenas, candidato del Psuv para la reelección en el Zulia; no es suficiente para tildarlo de embustero, les recuerdo que no terminó el Aula Magna de LUZ, tampoco el Puente Nigale, ni mucho menos puso fin a los apagones que ahora se hacen acompañar por cuatro lo cinco bajones diarios.

El peor castigo para un embustero es no ser creído aún y cuando diga la verdad, por eso apreciado lector, lo invito a que el 15 de octubre vote por uno que si le cumpla y no por un embustero.

Edward Rodríguez
@edwardr74



Hay que jugarle limpio a Venezuela

  Después de casi cinco años sin sentarme a escribir un artículo de opinión, que hacía con rigurosidad todas las semanas hasta diciembre del...